lunes, 12 de abril de 2010

Mi Amigo

Carretera Nueva abajo pensando en las musarañas con la bolsa al hombro. Dentro de ella mi cámara con un cincuenta milímetros.
- Ay!! Que me la paso¡!
Vuelvo unos pasos y miro a través de los cristales de su ventana, mirador con vistas a la casa de enfrente y único lazo de unión que tiene Ramón con la calle.
Allí está, como siempre. Sentado con la cabeza inclinada sobre la mesa, con su mente sumergida en una nueva aventura. Mi cuerpo le quita luz llamando su atención. Me mira y le florece una sonrisa de agradecimiento de oreja a oreja. Me hace señas de que me abre y tras unos minutos, los necesarios por su incapacidad, consigue abrir la puerta.
- ¡Amigo Paco, cuanto me alegra verte!.
- Igualmente Ramón.
Nos damos dos besos y nos dirigimos a la mesa, la de sus aventuras, sus cavilaciones y sus memorias.
- ¿Cómo estás Ramón?
- Aquí estamos, cada vez peor. Todavía no me he ido.
- No tengas tanta prisa.
- ¿Y para qué Paco?
Me habla de lo de siempre, y yo como siempre prácticamente sólo escucho.
Me cuenta de sus años en la Constructora de la Carraca; de mi tío abuelo Paco, que fue su compañero y al que un día se lo llevaron del tajo para fusilarlo; de que él se libró por los pelos; de que está desengañado de los políticos; de que todo es mentira, y noto como cada frase lleva implícito un consejo, un consejo de buen amigo.
Así pasamos un buen rato.
- ¡Cómo pasa el tiempo Ramón!. Ya es casi la hora de comer.
Antes de irme... ¿Podría fotografiar tus cuatro paredes?. Me gustaría hacer un trabajo sobre ti.
- Si, claro. Pero, ¿Para qué es eso?
- Para que sepan de ti, de tu casa, del espacio del que no sales por miedo a tropezar, espacio en el que recibes con los brazos abierto la visita de un amigo, espacio en el que viajas de frente para adentro, espacio en el que egoístamente temo no encontrarte cada vez que vengo y en el que me alegra verte cada vez que te veo al mirar por la ventana.